Jóvenes y apuestas en línea: claves para entender y acompañar
Muchas veces el peligro que esconden las apuestas digitales pasa desapercibido. La publicidad en eventos deportivos hace que esto se vea como un juego inofensivo, cuando en realidad representa un riesgo para la salud mental de niños y adolescentes.
Este fenómeno se ha acelerado, impulsado por el auge global de las plataformas de juego en línea durante los grandes torneos internacionales como la reciente Copa Mundial de Fútbol, donde el volumen de patrocinios, bonos de bienvenida y campañas en redes sociales alcanzó niveles inéditos. Los partidos se transformaron en un mercado continuo de «microapuestas» (como adivinar el próximo córner, una tarjeta amarilla o el autor del siguiente gol), convirtiendo la pasión deportiva en una experiencia monetizada e inmediata.
La omnipresencia de estas marcas normaliza el juego desde edades muy tempranas. Para un adolescente, apostar ya no se asocia al estigma de la ludopatía tradicional en un casino físico, sino a una extensión natural del entretenimiento digital, muy similar a la dinámica de recompensas instantáneas de los videojuegos. Sin embargo, la facilidad de acceso mediante el teléfono móvil, convertido en un casino de bolsillo accesible las 24 horas, genera una exposición continua que puede detonar cuadros severos de ansiedad, conductas compulsivas, endeudamiento temprano y aislamiento social.
¿Qué tan grave es la situación actual?
La exposición a este tipo de plataformas es inquietante :
- 1 de cada 7 jóvenes entre 12 y 17 años ha realizado apuestas digitales en el último año.
- Normalización: 7 de cada 10 escolares no perciben las apuestas como algo dañino, ya que las asocian a las emociones del fútbol y a la publicidad.
¿Cómo funciona la «trampa»?
Las plataformas están diseñadas para atraer la curiosidad de los más jóvenes mediante estrategias efectivas:
- La bienvenida «gratuita»: Les regalan bonos, monedas virtuales o apuestas gratis.
- La ilusión del éxito: Al ganar las primeras veces, sienten euforia y la falsa idea de que ganar dinero es fácil.
- El círculo del que no pueden salir: Cuando empiezan a perder, surge la necesidad de volver a apostar para «recuperar» lo perdido.
Esto puede derivar en adolescentes apostando a escondidas por las noches, utilizando tarjetas de crédito de sus padres y acumulando distintos tipos de deudas antes de que la familia note el problema.
¿A qué podemos estar atentos en la casa?
Entender el problema requiere asumir que la tecnología y el marketing deportivo han creado un entorno hiperestimulante para el cual el cerebro adolescente aún no cuenta con mecanismos consolidados de control de impulsos. Para acompañar eficazmente a las jóvenes generaciones, es imprescindible:
- Hablar del tema: Hablar sin tabúes sobre cómo funcionan los algoritmos de las casas de apuestas, el diseño adictivo de las aplicaciones y la falsa ilusión de ganar dinero fácil.
- Desmitificar la figura de las apuestas como pasatiempo inofensivo: Enseñar a analizar críticamente la publicidad y el rol que juegan las figuras públicas e influencers en la promoción del juego.
- Establecer límites y supervisión digital: De acuerdo a la edad de nuestro hijo, podemos definir horarios y espacios para utilizar los distintos dispositivos electrónicos que tengan acceso a internet; monitorear el uso de billeteras virtuales, tarjetas asociadas y aplicaciones instaladas..
- Fomentar el espíritu crítico: Mostrar a los hijos que no es necesario apostar para disfrutar del deporte.